SOCIEDAD CONYUGAL

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SOCIEDAD CONYUGAL


Artículos 183 y 184 Código Civil para el Distrito Federal

La Sociedad Conyugal nace al celebrarse el matrimonio y constituye el régimen bajo el cual se han de administrarse los bienes de los cónyuges y se conforma por los bienes adquiridos durante el matrimonio, y si los cónyuges así lo convienen, también pueden incluir los bienes que les pertenezcan al momento de constituirse, es decir, antes del matrimonio. En este régimen, los actos de administración y de dominio de los bienes comunes, corresponden a ambos cónyuges, salvo que pacten otra cosa.

Dicho de otro modo. El matrimonio debe celebrarse bajo algún régimen patrimonial, para estos efectos, existen dos regímenes, uno es el de Sociedad Conyugal y el otro Separación de Bienes. La Sociedad Conyugal es la unión de bienes de los cónyuges sobre los cuales, ambos tienen derecho igual sobre los mismos, de manera que como partícipes, tanto en los beneficios como en las cargas, sus partes son por mitad.

En términos del artículo 184 del Código Civil para el Distrito Federal y como ya lo dijimos, la Sociedad Conyugal nace al celebrarse el matrimonio o durante éste y pueden comprender, entre otros, los bienes de que sean dueños los otorgantes al formarla, es decir, los bienes anteriores al matrimonio.

La sociedad conyugal se rige por las Capitulaciones Matrimoniales. Las capitulaciones matrimoniales, en términos generales, son los pactos que los esposos celebran y reglamentan para la administración de bienes que constituyen la Sociedad Conyugal. Las Capitulaciones deben constar en escritura pública cuando los otorgantes pactan hacerse copartícipes o transferirse la propiedad de bienes que ameriten tal requisito para que la traslación sea válida. Cualquier modificación a las capitulaciones, debe también otorgarse en escritura pública.

Las Capitulaciones deben contener:

      • La lista detallada de los bienes inmuebles que cada consorte lleve a la sociedad, con expresión de su valor y de los gravámenes que reporten.
      • La lista especificada de los bienes muebles que cada consorte introduzca a la sociedad.
      • Nota pormenorizada de las deudas que tenga cada esposo al celebrar el matrimonio, con expresión de si la sociedad ha de responder de ellas, o únicamente de las que se contraigan durante el matrimonio, ya sea por ambos consortes o por cualquiera de ellos.
      • La declaración expresa de si la sociedad conyugal ha de comprender todos los bienes de cada consorte o sólo parte de ellos, precisando en este último caso cuáles son los bienes que hayan de entrar a la sociedad.
      • La declaración explícita de si la sociedad conyugal ha de comprender los bienes todos de los consortes, o solamente sus productos. En uno y en otro caso se determinará con toda claridad la parte que en los bienes o en sus productos corresponda a cada cónyuge.
      • La declaración de si el producto del trabajo de cada consorte corresponde exclusivamente al que lo ejecutó, o si debe dar participación de ese producto al otro consorte y en qué proporción.
      • La declaración acerca de que si ambos cónyuges o sólo uno de ellos administrará la sociedad, expresándose con claridad las facultades que en su caso se concedan.
      • La declaración acerca de si los bienes futuros que adquieran los cónyuges durante el matrimonio, pertenecen exclusivamente al adquirente, o si deben repartirse entre ellos y en qué proporción.
      • La declaración expresa de que si la comunidad ha de comprender o no los bienes adquiridos por herencia, legado, donación o don de la fortuna.
      • Las bases para liquidar la sociedad.

En la sociedad conyugal, el dominio de los bienes comunes reside en ambos cónyuges mientras subsiste la sociedad conyugal. La administración queda a cargo de quien los cónyuges designen en las capitulaciones matrimoniales.

La sociedad conyugal puede terminar durante el matrimonio, si así lo convienen los cónyuges. Puede también terminar la sociedad conyugal durante el matrimonio, a petición de alguno de los cónyuges, por los siguientes motivos:

      • Si uno de los cónyuges por su notoria negligencia en la administración de los bienes, amenaza arruinar al otro o disminuir considerablemente los bienes comunes.
      • Cuando uno de los cónyuges, sin el consentimiento expreso del otro, hace cesión de bienes pertenecientes a la sociedad conyugal a sus acreedores.
      • Si uno de los cónyuges es declarado en quiebra, o en concurso.
      • Por cualquiera otra razón que lo justifique a juicio del órgano jurisdiccional competente.

Por último, en la Sociedad Conyugal, ningún cónyuge puede, sin el consentimiento del otro, vender, rentar y enajenar, ni en todo, ni en parte los bienes comunes, salvo en los casos del cónyuge abandonado, cuando necesite de éstos por falta de suministro de alimentos para sí o para los hijos, previa autorización judicial.


Tesis y Jurisprudencia

SOCIEDAD CONYUGAL. EFECTOS SOBRE LOS BIENES QUE LA INTEGRAN CUANDO UNO DE LOS CONSORTES ABANDONA EL DOMICILIO CONYUGAL INJUSTIFICADAMENTE EN TÉRMINOS DEL ARTÍCULO 196 DEL CÓDIGO CIVIL PARA EL DISTRITO FEDERAL, APLICABLE PARA LA CIUDAD DE MÉXICO.
Número de registro 2017839Tesis: PC.I.C. J/72 C (10a.) El precepto citado dispone que el abandono injustificado por más de 6 meses del domicilio conyugal por uno de los cónyuges, hace cesar para él, desde el día del abandono, los efectos de la sociedad conyugal en cuanto le favorezcan, y que éstos no podrán comenzar de nuevo sino por convenio expreso; es decir prevé una sanción civil, que necesariamente implica un perjuicio patrimonial sólo en detrimento del cónyuge que abandonó el domicilio conyugal desde el momento del abandono, pero no los generados con anterioridad, pues éstos ya fueron producidos. Así, mientras no ocurre el abandono, ambos cónyuges se benefician de los efectos de la sociedad conyugal, ya que la sanción consiste en la cesación de dichos efectos desde el día del abandono y no desde que se constituyó la sociedad conyugal; en cambio, acontecido el abandono injustificado por más de seis meses, soló al abandonante no podrán favorecerle los efectos de la sociedad conyugal, lo que implica que no podrá participar del fondo social ni adquirir el dominio sobre los bienes adquiridos por su consorte; frente a ello, al abandonado le corresponderá el pleno dominio sobre los bienes que adquiera con posterioridad al abandono, pero además, la sociedad conyugal le seguirá generado efectos, beneficiándose del dominio de los bienes que su consorte integre a la sociedad conyugal, pues no existe disposición alguna que establezca lo contrario. Así, para una correcta aplicación del artículo 196 del Código Civil para el Distrito Federal, aplicable para la Ciudad de México, deben distinguirse dos momentos: 1) Desde que se constituye el régimen de sociedad conyugal y hasta antes de que se materialice el abandono; en cuyo caso, ambos cónyuges adquieren el dominio de los bienes que pertenece a ese régimen, así como el de los bienes que incorpora el otro consorte; y, 2) Desde que uno de los esposos abandona injustificadamente el domicilio conyugal por más de seis meses y hasta que concluye la sociedad conyugal (voluntad, divorcio, muerte, etcétera); en cuyo caso, por un lado, cesan los efectos del régimen en lo que le pueda favorecer al abandonante, lo cual se traduce en la imposibilidad de obtener el dominio de los bienes que adquiera su consorte y, por otro, que los efectos de la sociedad seguirán favoreciendo al abandonado, a quien, por virtud de la propia constitución del régimen, le asiste el derecho de participar en el dominio de los bienes adquiridos por su cónyuge al incorporarlos como parte del fondo social.

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